Según a quien preguntes, el mejor o el peor proceso que una persona tiene que afrontar como parte de su desarrollo personal intrínseco a su condición de ser humano es sin duda la madurez. Ese cambio que llega independientemente de la edad ( llega antes o después dependiendo de cada persona, y en algunos casos muy, muy tarde) significa el final de una etapa libre de preocupaciones, de responsabilidades y de toma de decisiones que marcarán el resto de tu vida. A partir de entonces eres tú quien debe afrontar todo esto; pues madurar implica, entre otras cosas, dejar atrás la despreocupación y la comodidad de que los demás velen por ti y empezar a hacerlo por ti mismo; el implicarse más en todos los aspectos de tu vida y aceptar un compromiso con lo que haces y con las personas que te rodean. Y todo esto tú solo y sin red. De ahí que este proceso produzca habitualmente tanto miedo e inseguridad y un impulso de evitarlo a toda costa. Este proceso y sus consecuencias es el denominador común de Leon (Luc Besson, 1994. Leon el Profesional es el título en la versión en castellano); Beautiful Girls (Ted Demme 1996) y Garden State (Zach Braff, 2004. Algo en Común en España). Si bien es cierto que se podrían incluir una lista interminable de películas que comparten este tema; estas tres comparten algo más: a Natalie Portman como punto de partida del cambio de los protagonistas.
Podemos decir que Portman, a pesar de su corta edad, tiene una larga trayectoria cinematográfica plagada de personajes “rescatadores”- además de los aquí mencionados podríamos incluir Closer (Mike Nichols, 2004) entre otros- y de adolescente con mente de adulta -como en A cualquier Otro Lugar (Anywhere but Here, 2000) de Wayne Wang, en la que interpreta a la sensata hija de una irresponsable y alocada Susan Sarandon - de los que hábilmente sale airosa, sin llegar al encasillamiento. Resulta irónico que ella misma sea un ejemplo de madurez adquirida en un ambiente que, se puede decir, no es muy favorable al equilibrio mental. Habiendo empezado tan joven su carrera, muestra una sensatez en sus entrevistas y declaraciones no muy propias de una estrella hoy en día

En Leon, el personaje que da nombre a la película (interpretado por el gran Jean Reno), asesino de profesión, ha de “hacerse cargo” de Mathilda (Portman), una niña de 12 años cuya familia ha sido brutalmente asesinada por un ajuste de cuentas por parte de un policía corrupto (Gary Oldman). Mathilda no puede soportar la muerte de su hermano pequeño y quiere venganza, y se unirá a

En Beautiful Girls no es uno, sino varios, los que no saben asumir el viaje hasta su madurez. La película es un compendio de de diferentes maneras de afrontar este cambio llamado madurez a través de un grupo de amigos cuyo punto en común es la falta de ganas (o valor) para crecer, para asumir que son adultos. Willie (Timothy Hutton), uno de los protagonistas, es incapaz de terminar de comprometerse con su perfectísima novia y dar el paso de casarse. Al volver a su pueblo natal tras mucho tiempo conocerá a su nueva vecina Marty, una chica de unos 13 años muy sagaz y bastante madura para su edad (“an old soul” dice de sí misma). Su desparpajo y su soltura cautivan a Willie, que acaba confesando a su amigo Michael (Noah Emmerich) tras una noche de juerga y muchas copas de más, que se siente atraído por ella. Pero en realidad su “atracción” por ella no es más que el reflejo (y consecuencia) de su preocupación por hacerse adulto. Marty representa la juventud, la “inocencia”, la despreocupación del no-adulto; todo eso que Willie teme perder al aceptar el compromiso y la responsabilidad que supone el casarse y asentarse. De hecho, en plena borrachera (que es cuando supuestamente salen las verdades más profundas que en condiciones normales nunca se suelen decir) declara que él quiere esperarla a que crezca, pues la diferencia de edad que ahora les separa no será tan evidente más adelante. Pero lo que Willie realmente quiere es posponer su paso a la vida de adulto; y el esperarla sería la excusa perfecta. Si bien es cierto que el personaje de Portman es el que impulsa el cambio en Willie, no podemos obviar el papel no menos relevante que juega Andera (Uma Thurman) en dicha transformación. Tras un encuentro en el bar, (y alcohol mediante), Andera le descubre como el compromiso con una persona te puede hacer feliz si lo planteas no como el final de una época sino el principio de otra que puede ser igual o más satisfactoria que la anterior. Willie tiene entonces su epifanía y entiende que el compromiso con su novia no es solo un paso lógico, como dicen algunos de sus amigos, sino una decisión que él debe tomar por si mismo como parte de su propio desarrollo personal; un paso que sólo él puede dar.

Paul (Michael Rapaport) es otro de esos eternos adolescentes incapaces de ir más allá con su relación. Su novia le ha dejado por un carnicero (siendo ella vegetariana) porque el no era capaz de madurar. Un claro ejemplo de esto es la decoración de su habitación; llena de fotografías y pósters de supermodelos desnudas como si de un quinceañero se tratara. Solo cuando su novia le deja por otro, se da cuenta de que la quiere y decide pedirle matrimonio. Aunque le dice a ella que lo hace como muestra de que sí que quiere comprometerse, en realidad es una medida desesperada por recuperar lo que ha perdido por no saber afrontar su relación con madurez. Y si no ha sido maduro con respecto a su relación, lo mismo puede decirse de su ruptura. Los intentos de Paul por vengarse de su ex son, cuanto menos, pueriles. Por ejemplo, el taponar la entrada de la casa de su ex con masas de nieve o el intentar darle celos bailando con Andera; quién será, por cierto, una de las iniciadoras en el proceso de maduración de Paul, que culmina en la escena en la que él retira, entre lágrimas, la nieve de la puerta de su ex.
Kev (Max Perlich) y Mo son personajes menos redondeados pero que sirven como extremos para ilustrar el antes y el después del proceso de maduración. Kev aparece como un personaje sin ambiciones y completamente despreocupado. No hace referencia a inquietudes personales o relaciones serias. Se podría decir que Kev representa la inmadurez. El texto nos muestra al personaje de Kev como el típico personaje gracioso, imprescindible en cualquier película que quiera etiquetarse como comedia, pero como alguien no muy listo, torpe, el raro del grupo… la película parece intentar decirnos que él es el modelo a evitar, la inmadurez que hay que dejar atrás o acabarás siendo un semi-freak. El contrapunto sin embargo es Mo, quien representa lo que significa hacerse adulto. Es el único de la pandilla que tiene grandes responsabilidades: una familia no disfuncional, hijos y un trabajo fijo. Tiene una vida que podría decirse estable; (recordemos que es una película americana que intenta vendernos el American Dream de happy family al que tan aficionados son en sus películas).
Pero volviendo a Portman, otro de sus personajes-guía es el que interpreta en Garden State. Sam es la chica que hace resurgir los sentimientos que Largeman (Zach Braff) ha tenido reprimidos casi hasta la completa extinción por culpa de la medicación recetada por su propio padre/psiquiatra. El personaje que Portman interpreta aquí podría catalogarse como la “chica-rescata-a-chico” que venimos viendo hasta ahora. Se asemeja a las primeras en su particular visión del mundo, de la vida y de las cosas; tan diferente en contraste con la del protagonista masculino; siendo ella la impulsora de su cambio. Si bien es cierto que el cambio de Largeman no tiene tanto que ver con la madurez, tiene algo en común con ella (aquí si que es apropiada la insólita traducción del titulo al castellano): la búsqueda de uno mismo, el coger las riendas de tu propia vida, encontrarse con determinadas emociones por primera vez… y todo gracias a Portman.
Así que, amigo americano entre los 20 y 50 años, si te encuentras en crisis, tienes dos opciones: obsesiónate con la amiga de tu hija cual Kevin Spacey en American Beauty o pon una Portman en tu vida… te la cambiará.